Martes, 12 de octubre de 2010

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Albergue de Roncesvalles

RONCESVALLES - LARRASOA?A

Qu? raro es estar rodeada de tantos peregrinos en una habitaci?n. En los dos d?as que llevo de soledad absoluta la compa??a de la naturaleza lo ha llenado todo y a su lado me he sentido como si hubiera llegado a casa, de alg?n modo conectada profundamente con el entorno. Y si he tenido alg?n encuentro fortuito y salvador ha sido con gente de esta tierra que me ha salido al encuentro. Estamos muy juntos, casi apretujados. Ni siquiera encuentro un rinc?n en el suelo para mis cosas as? que subo todo a la litera, incluso cruzo la vara entre la cabecera de mi cama y la del peregrino de al lado y ya que tengo la mochila aqu? a ella con mayor raz?n la quiero cerca.

Nos han puesto la calefacci?n en el m?ximo, y en el aire el olor de la crema mentolada con que se embetunaron las amigas coreanas me hace lagrimear. Tuvieron un d?a muy dif?cil y est?n bastante golpeadas las pobrecitas, pero sonr?en. Y as?, inquieta y sofocada como estoy no logro conciliar el sue?o. Con los tapones de o?dos algo me a?slo de los ronquidos y del abre y cierra constante de la puerta del ba?o, que por esas cosas del destino est? justo pegada a mi cabeza, pero es imposible, me paso la noche entera entre achicharrada, entretenida, encandilada y sobresaltada. Llega un momento en el que no puedo m?s, y con todos los dolores a cuestas la que ahora va de paseo al ba?o soy yo. En cuanto abro la ventana de la ducha siento en la cara la bocanada de aire fresco que me revive y tranquiliza. Aqu? me quedo. ?Qu? agradable! Apenas, casi imperceptible se escucha la lluvia que cae suavemente sobre Roncesvalles.

Mucho antes de que amanezca nos preparamos en silencio. Los que empiezan a caminar hoy aportan con su cuota de entusiasmo e inquietud, aunque tambi?n hay despedidas y coqueter?a en el ambiente: los j?venes catalanes que cruzaron los Pirineos junto a las chicas coreanas al parecer ya no tienen m?s d?as y aprovechan los ?ltimos minutos a su lado. Nuestra torrecita de Babel tiene su gracia.
Como si llevara a?os enjaulada me voy a dar una vuelta sin rumbo antes de partir. Hay poca luz, pero se percibe que la lluvia fue algo pasajero y que tendremos un d?a espl?ndido. Los prados exhalan un vaho misterioso, huele a tierra, a hojas y hace fr?o...?ya no puedo esperar!

Deseo un buen d?a de Camino y con paso lento le voy diciendo adi?s a este lugar tan especial. Siento las miradas en la nuca, pero me he propuesto no volver la vista atr?s.

Para quien vive en una ciudad tan contaminada, ruidosa y muchas veces hostil, es un contraste extremo entrar en un bosque tan delicado. Hay un silencio sobrecogedor que s?lo se altera por las gotas del roc?o que r?tmicamente caen de los ?rboles. Las hojas de los acebos brillan y no me resisto a cortar una ramita, tengo a?oranzas infantiles por este ?rbol. Como no s? muy bien d?nde ponerla, la amarro a mi vara y de pronto la vara se convierte en ?rbol.

Los primeros peregrinos que me adelantan en Burguete, un matrimonio madrile?o joven, son la primera imagen que tengo de alguien caminando delante de mi, la primera imagen de m? misma, la primera constataci?n de que mis pasos van a un ritmo muy diferente del de los dem?s y de que mi deseo es pasar despacio por los lugares.
Entro en una cafeter?a que veo abierta y las dos tazas de caf? con leche que me tomo me sacan del letargo nocturno y me entonan para enfrentar el aire g?lido.

Se van sumando personas a la marcha y es una bella estampa, la que sumada al sol, sumada al paisaje siempre cambiante y sorprendente, a los prados, a las portezuelas de madera que religiosamente abrimos y cerramos, a la subida de un camino que serpentea, que cambia de colores y de hojarasca, a las charlas sencillas, la que nos va guiando hacia algo parecido a la armon?a perfecta.

En un prado de Espinal me quito la mochila y me animo a volver la vista. A paso lento se llega lejos, vaya que s?, y no es Confucio quien se apodera de m? como me dice en broma mi hermana cuando me pongo filos?fica, sino algo que estoy viendo con mis propios ojos. Veo que se acerca S., coreano, simpatiqu?simo, y se detiene un ratito a conversar conmigo. Me sorprende hablando un espa?ol perfecto, y me dice que es porque ha vivido en M?xico, pero sobre todo, es su car?cter alegre lo que nos conquista a todos en cosa de segundos.

Continuamos la marcha. En la entrada del bosque m?s ordenado y luminoso que he visto en mi vida rezo la Salve a la Virgen de Roncesvalles. La primavera ser? hermosa, pero el oto?o que estoy encontrando es un regalo. Me encuentro con otro matrimonio que seg?n dicen est?n haciendo una 'etapilla', y es verdad, porque antes de Biskarreta los vuelvo a ver regresando hasta donde dejaron el auto. Observan con horror que me he descalzado y que tengo un par de esparadrapos en los pies, pero les cuento que s?lo estoy tomando el sol y que los parches son preventivos, que no tengo ampollas ni nada, un par de rozaduras y dolor de tendones de Aquiles, pero nada m?s. No se van muy convencidos de que los peregrinos estemos bien de la cabeza, pero qu? puedo hacer, yo no nac? para convencer a nadie de nada, aunque quisiera.

Emprender la subida al Alto de Erro es un desaf?o cuando el cuerpo carga mochila y dolores, pero el valle esplendoroso y verde que se descubre y que se alcanza en un d?a soleado vale el esfuerzo. Otra vez me detengo, esta vez es para comer algo y refrescarme. Las chicas coreanas que se hab?an quedado tomando cervezas en un bar me alcanzan. Vienen sofocadas y sedientas. La que lleg? primero donde estoy es la que acarrea el agua. En el idioma del Camino, el ingl?s, trato de decirles que es mejor que cada una lleve su botella, que no est? bien depender de los dem?s para beber agua. Pasamos un rato intentando entendernos y ri?ndonos y continuamos.
Estaba pensando que ochocientos kil?metros iban a desgastar mi vara cuando me encuentro una suela de goma de alguna bota peregrina. Me la guardo, si puedo ya le har? un 'zapatito', pienso.
Camino, bosque, piedras y bajada hasta Zubiri podr?an haber completado este d?a, aqu? hay un albergue abierto y las etapas en esta ?poca del a?o tambi?n est?n un poco condicionadas por esto, pero es un d?a c?lido y tengo ganas de seguir hasta Larrasoa?a. La gente que sale de paseo me saluda y una se?ora entabla conmigo una agradable charla. La dejo cuando veo a una peregrina que est? cruzando el puente en sentido contrario. Voy a su encuentro. Es una mujer alemana que est? haciendo el Camino de regreso. Me preocupa que suba hacia el Erro a estas horas, pero me dice que lleva carpa, que no tenga cuidado. Cuando me despido es su mirada triste lo que me llevo.

Camino de Larrasoa?a me cruzo con un se?or que me dice: '?Vas algo justa!', pero calculo que todav?a tengo un par de horas de luz de atardecer y no son ni seis kil?metros. ?Bendita ignorancia!

Encontrarme con la f?brica de magnesitas me desequilibra, me dan miedo estos lugares a escala inhumana y que rompen con el entorno, y desde aqu? una incertidumbre, un presagio se apodera de mi. Voy algo justa, ya empiezo a darme cuenta de que es verdad. La luz lentamente va desapareciendo y la fuerza de mis pasos tambi?n. Llego a una escalera en medio de la ladera y siento que me desmorono, que tambi?n rompe mi equilibrio. ?Qu? hace esta escalera aqu?? Delicado equilibrio que con tan poco se desajusta, pero es as?, cada pelda?o es dolor para mi espalda y mis pies. Entro en un sendero estrecho rodeado de ?rboles y la luz sigue menguando. No llego a Larrasoa?a ni apurando el paso. La inquietud se apodera de m? cuando ni siquiera distingo las flechas, ya no las veo, y en la penumbra me dejo enga?ar por una marca de Gr. una l?nea blanca horizontal pintada en un ?rbol, y aunque tuerzo un poco hacia la izquierda me encamino a toda velocidad por un camino que ahora es ancho y se siente apisonado, como si por aqu? anduvieran camiones. Todo acaba de golpe para m? cuando me estrello literalmente con una alambrada que me corta el paso. Siento que me desespero y que la sangre se me congela cuando a duras penas veo un cartel con una mano que prohibe la pasada.

Retrocedo con una sensaci?n de derrota que me hunde cada vez m?s. Debe faltarme el az?car tambi?n as? que como unas pasas y algo me animo. Busco la peque?a linterna que traigo, pero me encuentro con la desagradable sorpresa de que en alg?n momento de la noche en el albergue la us? par buscar algo dentro de la mochila y no la apagu?, total que la encuentro descargada. Como ciega, con mi vara de lazarillo avanzo en la negrura total. Es tremendo sentirse tan indefensa y desamparada, ciega, en la negrura m?s absoluta, sin siluetas, sin puntos de referencia sin nada m?s que una voz que desde dentro me sujeta e intenta calmarme. Tengo casi una imagen satelital de m? misma naufragando a cent?metros de la orilla e imagino a mi gente en el otro hemisferio con luz de d?a. ?Algo tengo que hacer! M?s me valdr?a sentarme aqu? a esperar el amanecer, no es seguro avanzar as?, pero me acuerdo del tel?fono y con la luz tenue que proyecta, veo a mi derecha lo que parece una bifurcaci?n. S? que voy paralela a la carretera, y si este Camino me lleva hasta ah? no tengo nada que perder.

Cuando me encuentro con la luz de ese pueblo del que todav?a no s? nada, la esperanza me devuelve la energ?a. En el front?n un chico me dice que estoy en Urdaniz y que me falta como un kil?metro para Larrasoa?a.
La carretera tambi?n est? oscur?sima y la velocidad a la que pasan los autos tan cerca es muy peligrosa, pero me lo tomo con calma. Ignoro cu?nto rato pasa, pero esto no es un kil?metro ni en sue?os, o es el cansancio el que ya no me permite calcular nada. Al otro lado de la carretera veo un caser?n con luz y cruzo. Esta ser? la segunda vez que llamo a una casa vac?a, qu? angustia! No s? por qu?, pero la negrura en la direcci?n que voy hace que no me anime a continuar y doy la vuelta. Entro en Urdaniz otra vez, ahora por un costado y el encuentro que tendr? ahora ser? luz perenne.
Veo salir de una casa un hombre con una olla enorme, el chico que lo espera en la esquina me dice lo mismo que me dijo el del front?n, que falta poco para Larrasoa?a. Les cuento lo que me ha pasado en el monte, que me estrell? con una alambrada, que en el caser?n de la carretera no hay nadie, que no s? por qu? me di la vuelta...y son tan encantadores que se r?en conmigo de mis torpezas, que el caser?n es un restaurante que hasta tiene estrella Michel?n, pero que est? cerrado en esta ?poca, que despu?s del restaurante hay una curva una leve bajada y que por eso no se ve Larrasoa?a, pero que ya estaba ah?, soy una peregrina loca, que soy una peregrina muy cabezona y que adem?s me pueden llevar presa por andar cortando ramas de una especie protegida como es el acebo...Por cierto, ?lleva algo rico en la olla? Jajajaja...?C?mo nos re?mos! Se suma a nuestra charla una muchacha y otro joven e insisten en llevarme, son muy amables, pero ni amarrada! Entonces no te mueves de aqu?, me sentencian. Y yo en adem?n de soldado y poni?ndome tiesa les digo, ?pues aqu? me quedo! Risas y m?s risas. No saben lo que este rato de risas ha hecho por mi.
Insisten, siguen insistiendo en que me llevan y que no se hable m?s, pero intento mostrarme un poco m?s cuerda que hasta ahora y les digo que Santi me protege, que no voy sola, que las estrellas..., acabo de reparar en el cielo m?s impresionante, por supuesto sin luna, con luna habr?a sido otra cosa.
No s? en qu? momento el chico desapareci?, algo le dijo el que supongo era el padre y ha llegado con un chaleco reflectante y como si yo fuera un beb? intenta pon?rmelo mientras le digo ?pero qu? hace?, atontada de tanto cari?o. Finalmente opta por pon?rmelo al reves y me lo amarra en la espalda. Impresionada me comprometo a devolverlo al d?a siguiente, pero rotundamente dicen que no. Ah! No conf?an en m?, creen que lo puedo volver a necesitar, eh?
Si ma?ana no aparezco en el peri?dico o porque me atropellaron o porque me llevaron presa por cortar especies protegidas, es que llegu? bien, as? que no se preocupen.
Ay, peregrina loca!
Una vez m?s emprendo Camino, ahora disfrazada de se?al de tr?nsito y con una alegr?a renovada. Vuelvo conscientemente la vista atr?s y ah? est?n los cuatro diciendo adi?s, mientras me acuerdo de lo que Pohlhammer dice en un poema: "Son amores fugaces que ni la fugacidad del tiempo esfuma" As? ser?.
El mapa de mi Camino se va poblando de rostros y los nombres de las localidades van quedando atr?s tan pronto me alejo.

Ahora los autos notan mi presencia y me esquivan. Llego por fin a Larrasoa?a, cuatro horas despu?s de haber salido de Zubiri. Abro la puerta del albergue y veo las botas en hilera de mis compa?eros, ?qu? alegr?a! S. me recibe con un ?llegaste!, ?llegaste!, ?llegaste! que me conmueve. No s? qu? parezco con estas pintas, pero me escuchan at?nitos. En cuanto me descalzo me percato que un tobillo esta muy inflamado y que a medida que el cuerpo se enfr?a ya no puedo pisar con ese pie. Me duele hasta el ?ltimo pelo, pero estoy m?s feliz que unas casta?uelas. T y L, matrimonio portugu?s, me regalan una pera deliciosa, S. me cede su litera de abajo, las chicas coreanas me dejan sobre la cama un paquetito de galletas Mar?a, el matrimonio madrile?o me ofrece ibuprofenos... El Camino ha sido bueno conmigo.

Gracias, Camino.

P.S. Si en una noche tremenda me desesper?, me pregunto ?qu? sentir?n esos 33 hombres? (mineros)que por estos d?as ver?n otra vez la luz y sentir?n el aire y el abrazo de los suyos despu?s de tanto tiempo? Somos un pa?s expectante.

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La luz de Urdaniz. ?
Enviado por: manuela
Fecha: 11 de octubre de 2010, 02:54

Publicado por Ksoyo @ 20:07
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