S?bado, 10 de enero de 2009


PENSAMIENTOS LEIDO EN EL ALTAR MAYOR DE LA CATEDRAL DE SANTIAGO
A LA TEMINACION DE MI CAMINO EN JUNIO DEL 2005.
por Rosario Peral


 Aqui me tienes ante tu tumba, adorable apostol .  Quedaron los dias de padecer frio, calor, lluvias, desalientos y llsgas en los pies, llagas que se curan . Pero las verdaderas llagas, las llagas del corazon, son como espinas que se clavan. Tú Santiago , haces que paso a paso por el camino esas espinas se transformen en rosas.
 
En mi caminar hacia compostela, he disfrutado de numerosos caminos que año tras año han sido pisados por peregrinos de todas las nacionalidades.
Tierras de Aragón, Navarra, La Rioja, Burgos, Palencia, Tierra de Campo León, El Bierzo y la Verde Galicia.

Muchos peregrinos nos ponemos en camino hacia Compostela por diversos motivos, no sería honesto ocultar el esfuerzo que requiere el camino, el sacrificio de la marcha, las ampollas que martirizan tus pies, El compañero que empieza a resultar insoportable, la mochila que hace daño a tu espalda y llega und ia que decides volver a casa y renunciar....abandonal el camino.
Pero cuando llega el nuevo dia, mis pies y mi corazón seguian caminando hacia tu catedral. He conocido peregrinos de mil paises, he visto hermosos monumentos, grandes catedrales, pequeñas iglesias pero creo que a ti, apostol Santiago, tambien te he conocido. Porque cuando no tenía fuerzas, alguién me ayudaba, cuando no podía seguir caminando, alguién tendía su mano y creo que eras tú, amantísimo apostol Santiago.

Cuando decidí hacer por primera vez el camino me cargué la mochila a la espalda y me calcé las botas. No podía imaginar lo que cambiaría mi vida desde entonces...Como dice el poeta: Caminante no hay camino, se hace camino al andar y al volver la vista atrás se vé la senda que no se ha de volver a pisar. 
Pero este camino es para pisarlo0, una y otra vez con los piesy con el corazón.
Comprendí el silencio, El camino me ha enseñado a estar en silencio y a pensar más en Dios, a no tener prisa, porque el mundo de hoy camina con tanta prisa que no tiene tiempod e pensar en Dios. Mi soledad me ha servido para acercarme más a Él.

He tenido que hacer grandes esfuerzos para seguir...hoy que casi todo se consigue sin esfuerzo, en el camino, andar y andar se convierte en un autentico placer, dormir en el suelo o en el campo es algo que no se puede explicar.

Ven Santiago conmigo, que mi bordon sea mi guia y el de mi familia en el camino de la vida.........................

ROSARIO PERAL " LA PEREGRINA "





EL PEREGRINO INGLES QUE SE ENCONTRÓ EN EL CAMINO PARA SIEMPRE
Enviado por: EFREN


La subida hacia el Alto del Perdón para mí no es pesada, siempre y cuando no haya nieve, barro u otro contratiempo … En el entendido de que vamos a pie, porque en bicicleta dicen que ya es otra cosa.

Lo tomé con calma … Una vez que crucé el puente sobre la carretera, después de haber caminado unos 5 kms. asfaltados desde Pamplona, me enfilé hacia Cizur (Zizur Txikia) y me sentí recuperado por el Camino; una gran ave que sobrevolaba sobre lo que me pareció un monasterio que coronaba una colina, me dio la bienvenida.

Crucé por un parquecito del pueblo, cercano a un albergue … algunos peregrinos apenas salían al Camino; al salir del pueblo pasé a unos franceses que llevaban sus mochilas en los lomos de un burro. Y entre voltear a ver los molino eólicos, a los peregrinos, al campo y sus verdes trigales, y todo el entorno que compone el Misterio Jacobeo, ya iba yo embelezado … hacia arriba y sin darme cuenta.

Al final mi atención se centró sobre los molinos y me sentí un moderno quijote. Seguía subiendo … muchos recuerdos vienen a mi mente … bebí el agua fresca de Zariquiegui y pronto encontré una encrucijada (las dos opciones hacia arriba, no había más) … Llegar a la explanada, mirar el amplio valle, descargar la mochila y tirarme de espaldas en el monumento, todo fue una sola cosa.

Una vez recuperado y que el hambre removió mis instintos volvió a mi la especie predadora, la del cazador ancestral … Y Oh!!!, sorpresa … ¡¡¡ Qué veo ¡!! … Una caravan en donde repostar … El cazador ancestral quedó sepultado por el “homo consumidorus” (¿?).

Me acerco a la vagoneta y pregunto:
- ¿Cuánto cuesta el café?
Un hombre, con toda la pinta de anglo, me constestó:
- Si no traes dinero no te cuesta nada … si traes dinero deja algo para los que vienen.

Esa respuesta me sorprendió a la vez que me llenó de esperanza en un Camino que apenas cumplía tres días de existencia para mí … me dio una taza de café con leche, algunas galletas, (no recuerdo si también una barrita de chocolate), sí recuerdo los cacahuetes … deposité mi dinero en la “caja” y me retiré a consumir y a reflexionar sobre lo ocurrido.

Miraba a los peregrinos alrededor de la caravana estacionada a una orilla del camino asfaltado, hacia la famosa bajada del Perdón … alternativamente miraba a aquel tipo, la manera de servir … Y no encontré por ninguna parte en dónde estaba el negocio de aquello.

Al final me calcé mi mochila y antes de encarar la bajada me dirigí hacia aquel hombre a darle las gracias. Y entre otras cosas le pregunté:
- ¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres?
- John – Me contestó – Soy inglés.
- ¿ Y porqué estás aquí?
- Estoy para servir a los peregrinos … Hace tiempo vine como Peregrino al Camino y aquí me quedé.

Ahora que lo recuerdo –– yo digo que este peregrino inglés se encontró en el Camino para Siempre.

Qué Dios lo Bendiga … LE DESEO UN EXCELENTE DÍA, PORQUE SE LO MERECE.

Efrén

CAMPANAS
Escrito por : Gloria

En la ciudad es difícil, muy difícil, oír el tañido de las campanas, más aún el poder escucharlo. En un pequeño pueblo del Maresme catalán, durante los largos días de estudio, los cuartos me marcaban la pauta, sobre todo la nocturna, el silencio absoluto solo se quebraba cada quince minutos. Allí, aún puedo reconocer cuando tocan a muerto...

En el Camino es diferente. Las campanas, su puntual y monótono tañido, me han acompañado en momentos tan intensos que no me canso de recordarlos. He aquí algunos, hilados cronológicamente en mi “tempo” interno.

Puente la Reina. Silencio. Aún no ha amanecido cuando cruzo bajo el arco que une el antiguo hospital de peregrinos con la iglesia del Crucifijo, y contemplo la bóveda que da inicio a la larga calle. El nítido golpe del badajo me sorprende por primera vez. Mis pasos y las horas es lo único que distingo. Aún no escucho las campanas, sólo las oigo. Me queda mucho por aprender. Es el cuarto día que camino, aún no entiendo nada, aún no sé qué estoy haciendo en el Camino de Santiago, con una mochila prestada y agujetas hasta en las pestañas. Ni lo se yo, ni lo sabe nadie de mi entorno.

Cruzo el puente, el que da nombre a la población, el que ayuda a salvar el rio Arga. Lo cruzo despacio, con las primeras luces mientras las campanadas siguen resonando en mi interior. Entablo conversación con una peregrina francesa y me dice que el Camino habla. Me sonrío. Me digo que esto no es posible. Insiste, el Camino habla, pero hace falta escucharlo, y sobre todo, querer escucharlo.

No parezco yo muy dispuesta a escuchar, pero de momento, sigo oyendo las campanas de Puente la Reina hasta que el chupinazo del mediodía retumba en los huertos cercanos de una Estella en fiestas y me devuelve a la realidad.

Montserrat. El ascenso ha sido duro, largo y caluroso. Un nutrido grupo de amigos hemos salido un tórrido viernes por la tarde de la iglesia de Santiago de Barcelona. Han sido casi 24 horas. Por el camino, el grupo se ha reducido y sólo dos nos hemos quedado a dormir en el albergue de la Montaña Santa para seguir al día siguiente por el Camino Catalán. He caído rendida, duermo profundamente hasta que en la madrugada, las campanas de la basílica se meten literalmente en el cuartito del albergue y retumban en la litera de arriba.

Al susto le sigue la lógica y el razonamiento de que no tocan a arrebato. Seguiré durmiendo hasta que quieran compartir litera de nuevo. Nos esperan algunos amigos para el rezo de laudes y seguir camino. Maitines, ángelus, vísperas... todos los rezos van marcados por el doblar de las campanas y siempre que puedo, no pierdo ocasión para unirme a alguna hospitalaria comunidad religiosa y seguirlos.

Igualada. Los primeros pasos por la larga calle que cambia varias veces de nombre hasta llegar a llamarse Sant Jaume los hacemos a ritmo de la campana de la iglesia de la Soledad. No nos lo habíamos propuesto pero parece que esas campanas nos den la bienvenida a un nuevo día que será largo, caluroso y solitario.

El peregrino que me acompaña ya sabe que el camino habla; y además, su simbiosis es perfecta. Yo, aprendiz de peregrina, estoy descubriendo que el camino puede hablarme, pero que el escucharlo o no, depende sólo de mi. Sé que es un buen síntoma salir a ritmo de campanas, y la casualidad querrá que entremos en Cervera, fin de etapa, también al son de las campanadas de la vigilia de San Juan.

Vivencias, conversaciones, gestos, risas, agua, hospitalidad... fueron palabras que fui aprendiendo a escuchar y sobre todo, a interpretar, cuando el Camino me las iba susurrando.

Samos. Pese a que hemos volado desde Triacastela para llegar a tiempo al rezo de vísperas, en el bosque cercano al monasterio hemos sido capaces de jugar con los duendecillos, hemos percibido cómo creía el maíz y cómo los susurros del bosque nos calaban muy hondo. Ahora empiezo a entender a la francesa que tiempo atrás me aseguró que el Camino hablaba. Ahora incluso soy capaz de escucharlo en alguna ocasión.

Aún así, reconozco que nos hemos acercado al monasterio demasiado deprisa, nos habían informado mal del horario y sólo nos preocupaba llegar a tiempo. Nos perdemos algo, seguro. Pero sólo queremos llegar a tiempo. Las campanadas de las 7 de la tarde caen como una losa sobre nosotras cuando recorremos los últimos centenares de metros hasta la puerta del albergue. Parecemos el conejo blanco de Alicia: “llego tarde, llego tarde....”

Felizmente, las Vísperas eran a las 8. ¿Nunca aprenderemos a no correr en el Camino?

San Lázaro. Las campanas no tañen, redoblan. Entramos en Santiago, y entramos juntas tras dos semanas de Camino. Lejos queda Castrojeriz, pero muy adentro nos quedarán todos y cada uno de los pasos dados y los momentos compartidos.

Al gozo de la pequeña ermita se une la banda del barrio que está en fiestas. Júbilo y alegría se desbordan. Nos quedan fuerzas para bailar con las mochilas puestas: “tatataratatara... tanto tiempo sin verte...”.

Tamarite de Litera. Al salir de Alfarrás, cruzando la imaginaria línea catalana-aragonesa, el peregrino que camina a mi lado me pregunta: ¿A las 7 en Tamarite? Suena a reto. El sabe lo que hace y me anima a seguirle separándonos del grupo. La noche está al acecho y podremos disfrutar del susurro de la naturaleza al acostarse, de cómo se duermen el cerezo del recodo y los conejillos cercanos a la ermita de San Roque. En noviembre los días son cortos. Los charcos aún no reflejan la luna que se retrasa, pero al pisarlos, se convierten en espejos que se quiebran en mil pedazos.

Con las campanadas de las 7 entramos puntuales en Tamarite de Litera. Mi compañero es la precisión hecha camino y no sólo entiende al Camino, sino que te ayuda a dialogar con El.

Carcaboso. En el Camino de la Plata no llevo reloj, no tengo ni idea de la hora en la que me alejo de este pequeño pueblo pacense para enfrentarme a una de las etapas más duras de mi Camino, y a la vez, de las más bonitas.

Sólo recuerdo que las campanas izaron el vuelo para despedirme de Dña. Elena y su magnífica hospitalidad. Salir de un pueblo con el repique de las campanas es acogedor, su sonido vuelve reiteradamente a la mente y te sirve de fiel compañero en los largos ratos de soledad.

Calle de las Campanas. Silencio, otra vez silencio. El minúsculo pueblo salmantino duerme pese a que es mediodía. Es un pueblo fantasma hecho del recuerdo de los siglos pasados, ni siquiera importa su nombre. Las campanas también dormitan pero su sola mención me evoca esos largos silencios y esos monólogos interiores del peregrino.

Pese a que marca las horas, la campana es atemporal, como lo fueron los miles de peregrinos cuyas pisadas sigo por esta calzada romana; como atemporales fueron las huestes de Almanzor, los mozárabes... y sobre todo, como lo serás tú, peregrino, que ansias escuchar de nuevo el tañer de la Berenguela...

Santiago de Compostela. Ha sido un Camino corto, de invierno, austero, cada uno con su motivación a cuál más apremiante. ¡Calla! ¡Escucha! ¿No la oyes? .... la Berenguela da las once mientras cuatro amigos descienden las escaleras de Quintana dos Mortos.
    Por Gloria.




PEREGRINAR SIN DINERO

Copio y pego de la revista peregrinos. por
Iosa



Hace bastante tiempo conocí a un peregrino al que tuve la oportunidad de acoger en mi casa.

Era un joven de buena presencia, originario de Eslovenia, y venía andando desde su país en una peregrinación que duraba ya meses. Iba sin dinero, aceptando lo que le daban, pero nunca dinero, sólo alojamiento y comida.

Como no tenía dinero no había conseguido una credencial, porque parece que ahora para conseguirla hay que pagar. Me contó que llegó a un albergue pidiendo hospitalidad y que le echaron de mala maneras diciéndole que no era peregrino porque no llevaba credencial.

El pobre peregrino pensó asombrado en los muchos días que llevaba caminando y en todo lo que había tenido que pasar para que llegara allí y le dijeran que no era peregrino. Media hora después volvió al albergue con la credencial que en una iglesia le facilitaron sin pagar y entonces le dijeron "ahora sí que eres peregrino, pasa y acomódate". Y aquel joven peregrino muy serio le contesto: "pues ahora no quiero quedarme" y se fue tranquilamente a dormir en la calle como había hecho muchos días durante su camino.

Peregrinar sin dinero forma parte de la más pura tradición del Camino de Santiago. Pero para estos peregrinos la experiencia no ha sido ni es nada fácil. En este tema siempre recuerdo el relato de Jean Bonnecaze, en el siglo XVIII, con las experiencias de un peregrino pobre al que le pasaban todas las desventuras que se pueda imaginar, pero emociona leer cómo, después de tener que hacer muchos kilómetros descalzo, encontró la compasión de una mujer de Logroño que le dio unos buenos zapatos que le duraron hasta que volvió a su casa, y la ternura con la que recordaba a aquella buena mujer.

Algunos dirán que detrás de estos peregrinos "sin" se ocultan muchas veces gentes sin escrúpulos, caraduras que se aprovechan de la hospitalidad del Camino, y es verdad en muchos casos. Pero digo yo, con los miles de euros que se mueven en el Camino en torno al alojamien¬to de los peregrinos, ¿no es posible "perder" algunos euros acogiendo a estos peregrinos "sin"? Comprendo que en los siglos pasados a mucha gente del Camino no le fuera fácil atender a esos peregrinos pobres, ya que ellos eran poco menos pobres que ellos, pero en estos tiempos de opulencia económica de la ruta jacobea no creo que sea tan difícil aunque nos engañen de vez en cuando.

En mi experiencia de hospitalidad jacobea me han engañado muchas veces falsos peregrinos pobres, pero he tenido la suerte de vivir experiencias tremendamente enriquecedoras con peregrinos sin dinero a los que he acogido y de los que guardo un recuerdo imborrable, recuerdos que son un verdadero tesoro que nunca podré terminaré de agradecer a la peregrinación jacobea. Para alguien que se dedique a la hospitalidad, la experiencia de acoger a quien no tiene para pagarte es un privilegio.

Y quien no quiera experimentarlo: peor para él, él se lo pierde.

J.I.D.
[sin cuaderno de notas]





Publicado por Ksoyo @ 2:02
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios